Encuentro un documento interesante del CEP de Castilleja de la Cuesta, El maestro se decide a investigar su propia práctica, que analiza el papel de los docentes como investigadores de su propia experiencia. Creo que es muy oportuno en momentos en los que la formación del profesorado está en el centro del debate sobre cómo mejorar los rendimientos escolares.

Algunos párrafos destacables son los siguientes:

¿Cómo logra el maestro construir saber pedagógico desde su aula, desde su trabajo, desde su escuela? Cuando éste comienza a interrogarse, a cuestionar lo que dice, hace o deja de hacer; cuando descubre que el conocimiento no está acabado; cuando acepta que no existe un solo método para buscar la verdad, sino que da cabida a la pluralidad metodológica; cuando no exige respuestas terminales sino que incita a sus alumnos a preguntar, observar, interpretar y comprender el mundo con visión totalizadora, no fragmentada; cuando convierte la acción educativa en búsqueda de sentido; cuando da muestras de expresión, curiosidad, contemplación y asombro por lo que le rodea; cuando acepta que no todo está dado porque a medida que avanza encuentra nuevas posibilidades; cuando se interesa no sólo por lo que enseña sino por qué y para qué lo hace;

Hemos hablado otras veces de la importancia de poner en primer plano el sentido de lo que hacemos en clase. Conectar las tareas que realizamos con el mundo que nos rodea y con los intereses del alumnado es una forma de dotarlas de sentido; y hacerles partícipes de las razones de lo que hacemos nos coloca a todos al mismo lado de la cuerda, tirando en la misma dirección. Todo ello implica hacerse muchas preguntas, y a veces tomar decisiones incómodas, como dejar de utilizar estrategias o materiales que utilizábamos y buscar otros nuevos; lo que no es nada fácil. Desde que intuyo que debería eliminar algo hasta que doy el paso de buscar una alternativa, con frecuencia me paso un tiempo rehuyendo el cambio. La pereza es una de las palancas que mueve el mundo, me suele recordar irónicamente un amigo.

En el deseo de superar la relación lineal y mecánica del conocimiento en clase, se encuentran alternativas que caracterizan al profesor como investigador de su propia aula, el profesor como intelectual trabajador de la cultura, la enseñanza dialogante, el aprendizaje como proceso de construcción, la enseñanza como proceso interactivo, el profesor como innovador y práctico reflexivo. La reflexión del profesor acerca de su propia práctica implica la inmersión consciente en el mundo de su experiencia.

Efectivamente, reflexionar sobre nuestra experiencia en el aula ha sido siempre una de las fuentes de información más útiles para mejorar la práctica docente. Como nos explicó Montxo Armendáriz hay que conocer la realidad para cambiarla. Sin un análisis que nos permita conocer el aula en la que nos desenvolvemos difícilmente podremos introducir cambios relevantes. Si además estas reflexiones se pueden compartir gracias a entornos como Planeta Educativo, o el actual Primer Congreso Nacional de Internet en el Aula, el enriquecimiento a nuestro alcance es mucho.

… es necesario fortalecer la presencia de profesores experimentados que desarrollen en su aula un ambiente reflexivo, que se preocupen por la innovación educativa y por su propia autoformación como profesionales. Un profesor-investigador admite que la investigación la hace él mismo, que está presente en las interrogantes que se formula y que los resultados repercuten de nuevo en su aula.

Se subraya aquí el papel primordial que tiene que jugar el profesorado en el proceso de enseñanza-aprendizaje, que es perfectamente compatible con situar al alumnado en el centro de dicho proceso y darle mayor protagonismo. Y que debe desarrollar la competencia de aprender a aprender, tal y como nos planteamos exigirle a nuestro alumnado. Otra de las conclusiones claras que se desprenden de la lectura del documento es que tenemos margen de maniobra para introducir cambios significativos, a pesar de los múltiples condicionantes que inciden sobre el alumnado (familia, entorno social, medios de comunicación, sistema educativo, …) y por tanto sobre los resultados del trabajo con él. Considero mucho más fructífero analizar lo que está en nuestra mano cambiar y actuar aplicando las conclusiones, a la vez que denunciamos todos los obstáculos que inciden negativamente sobre nuestra labor. Esta actitud otorga más credibilidad a nuestras demandas.

Y al margen del documento que estamos comentando, quiero destacar que la literatura sobre educación me ha resultado muy útil en el proceso de reflexión del que hablamos. Muchas veces la clave necesaria ha surgido al situar mi experiencia bajo la luz de las ideas de Ángel Pérez Gómez, Miguel Ángel Santos Guerra, Jordi Adell, Sergio Monge, Elena Martín, Amparo Moreno, Claudio Naranjo, Javier Barquín, Juan Sánchez-Enciso, Encarna Soto, y tantos otros.

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2 Opiniones en “Conocer la realidad para cambiarla”
  1. Miguel dijo:

    La excelencia como investigación-acción no entra dentro de los parámetros en que nos movemos, supone aceptar una mirada externa, un cuestionamiento necesario cuando se pretende analizar la experiencia, más compleja para el que evalúa que para el que se somete a ella, siempre me ha parecido fascinante, un herramienta poderosa.

  2. Sobre la evaluación del funcionamiento y el profesorado - Literatúrame! dijo:

    [...] partir de un comentario de Miguel, se me ocurre referir una conversación mantenida con Javier Chinea, nuestro excelente [...]

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