Lo natural es compartir y cooperar
Escrito por: José Mª en educación, tags: actitudes, la red, propiedad intelectual, sharismo, web socialMe envía Dolors Reig una referencia a un documento de Isaac Mao, traducido por Emilio Quintana, que propone una alternativa ideológica denominada sharismo. Ante la magnitud que está adquiriendo la generación de contenidos por los usuarios en la web, el autor se pregunta qué motiva a quienes participan en el movimiento 2.0 y qué futuro quieren crear; y destaca un hecho clave:
… los que comparten están acumulando capital social y una superabundancia de respeto por parte de la comunidad. El factor clave que motiva la nueva red, y el núcleo espiritual de la Web 2.0, reside en un cambio en la forma de pensar que llamamos sharismo. El sharismo propone una reorientación de los valores personales … Es la promesa de Creative Commons … El sharismo es también una práctica mental que cualquiera puede probar, una actitud socio-psicológica que busca transformar un mundo amplio y aislado en un Cerebro Social super-inteligente.
Y añade:
El sharismo está codificado en el genoma humano. Aunque eclipsado por los muchos pragmatismos de la vida diaria, la teoría del sharismo funda sus bases en la neurociencia y su estudio del modelo de funcionamiento del cerebro humano … nuestro cerebro fomenta la idea de compartir por su propia naturaleza… .
La idea de que compartir forma parte de nuestra naturaleza evoca un texto que la avala con numerosos datos. Se trata de Cómo favorecer el desarrollo emocional y social de la infancia, de Miguel C. Martínez López, y creo que puede ser interesante citar algunos.
Expone el autor que, según Orlick, compartir con los padres surge como un hecho natural porque da a los niños una sensación de poder y control al sentir que pueden jugar un papel importante involucrándose en una acción compartida con el adulto. Y cuenta cómo su hija tras semanas compartiendo con ellos el biberón y otros alimentos, pasó a compartirlos con su primo con un año. A los quince meses fue capaz de compartir sus juguetes en la confianza de que el juguete, tarde o temprano, volvería. Y Orlick defiende que estos gestos se dan en todos los niños de todas las sociedades siempre que se valoren y fomenten.
Aporta también Martínez algunas conclusiones de la investigación psicológica sobre la cuestión y cuenta que Rheingold ha encontrado comportamientos de “compartir” en el juego de niños de entre 15 y 24 meses y defiende que estas conductas empiezan entre los 9 y 10 meses, y tienen mucho que ver con los rituales de crianza y un buen ajuste.
También Leigghton recoge diferentes estudios sobre la tendencia a cooperar y compartir de los niños pequeños y recoge situaciones de juego en las que se se involucraban en activas negociaciones discretas y se confabulaban, por medio de gestos, para turnarse, permitiéndose ganar uno cada vez.
Y como compartir es una vertiente de la cooperación, creo pertinente recoger la referencia de Martínez a las conclusiones de Leigghton en las que pone de relieve que la aparición de la cooperación depende más de las oportunidades para ponerla en práctica que de ningún otro factor. Cuando una situación se caracteriza por la presencia de claves para la cooperación y ausencia de claves para la competición, los niños de todas las edades son cooperativos.
Y una conclusión, que nos conviene hacer todo lo visible que podamos:
Cooperar y competir dependería más de las reglas sociales a las que los individuos deben ajustarse que de decisiones o tendencias puramente personales, con lo que cuanto más “socializado” en una cultura competitiva esté un individuo mayor será la tendencia a competir.
porque tenemos mucho que ganar con la cooperación y compartiendo, porque la realidad de nuestros centros educativos nos dice que son minoría los que encuentran valor en el acto de compartir, y porque en un ámbito como el educativo sólo excepcionalmente se pueden alcanzar éxitos relevantes con la mera suma de individualidades.




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