Competencias, tareas y bizcochos
Escrito por: José Mª en sistema educativo, tags: competencias, docenciaTodos hemos cometido alguna vez el error de explicar algo sin haber intentado antes que el alumnado comprendiera su necesidad, su función, o su utilidad. También hemos comprobado a menudo que muchas explicaciones han sido entendidas realmente cuando el alumnado se ha puesto a aplicar los conceptos a situaciones concretas. Personalmente llego a la conclusión de que en clase es mucho más eficaz proporcionar un equipaje teórico ligero que permita empezar a trabajar, y a partir de ahí resolver las dificultades y explicar ideas cuando su aplicación es realmente necesaria. La comprensión de los contenidos conceptuales encuentra un terreno abonado al tener que encontrar soluciones a problemas concretos.
Por esta razón cuando oímos a José Moya explicar que para desarrollar competencias la clave está en conseguir que el alumnado movilice sus recursos al afrontar una serie de tareas, confirmamos que prestar atención y reflexionar sobre lo que sucede en el aula nos pone en la pista correcta con frecuencia . Este nuevo enfoque que se nos propone no tendría por qué ser un elemento extraño que tuviéramos que incorporar a nuestros curriculums por una imposición administrativa. Seguramente muchos estamos contribuyendo a hacer a nuestro alumnado más competente aun desconociendo la noción de competencia y su formulación conceptual. Si además algún día los docentes somos más eficaces trabajando en equipo con una mínima coordinación, esta estrategia podría resultar mucho más enriquecedora.
Moya hace hincapié en la selección de las tareas como una de las piezas claves al trabajar con las competencias en nuestro horizonte. Y ello me recuerda que cuando empecé a enseñar Programación hace bastantes años explicaba cada tipo de instrucción y luego hacíamos programas para ejercitar su uso. Y a base de repeticiones el alumnado iban mecanizando las soluciones; como jugadores de tenis que a partir de un número determinado de ensayos de un golpe adquieren la técnica correcta. De hecho así me enseñaron a mí a aprobar muchas asignaturas.
Pero hace bastante que prefiero plantear tareas que conecten con la realidad del alumnado, y creen la necesidad de resolver dificultades que lleven aparejado un aprendizaje; por ejemplo la gestión de las elecciones al Consejo Escolar, o el control de acceso a un sistema mediante usuario y contraseña, que les resulta muy familiar. Si tienes que gestionar unas elecciones, tienes que resolver antes muchas tareas básicas y más sencillas como recibir datos, contar, comparar, … y todo ello con una finalidad clara. Y de paso aplicamos la decimotercera de las Reglas para la dirección de la mente, que Descartes ya enunciara y según la cual dividir un problema complejo en varios más menudos ayuda a su resolución. En Programación Estructurada a este principio se le llamó unos cuatro siglos más tarde Diseño descendente.
Estoy convencido de que convertir la selección de tareas en la base sobre la que mejorar los rendimientos es aplicable a multitud de áreas y niveles. Y no sólo para áreas con un claro componente práctico o experimental, que son bastantes. Me resisto a poner ejemplos de especialidades que no son la mía, a pesar de que hay numerosas experiencias publicadas de profesores innovadores. Pero se me ocurría hace poco, viendo el entusiasmo que despierta la repostería en mi hija de cuatro años, que hacer bizcochos en una clase de primaria sería una excelente tarea para trabajar con magnitudes como el peso, la temperatura y el tiempo, y también para desarrollar el cálculo al averiguar las cantidades de ingredientes necesarias para un número determinado de personas o porciones. Y encima se podrían comer el resultado para autoevaluarse y coevaluarse; desde luego el estímulo extrínseco de la nota sería innecesario. ¿Cuánto costaría tener un horno en un colegio? Seguro que mucho menos que dar el paso de preparar bizcochos en clase.




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