En relación con los prevención de los accidentes de tráfico, se cuestiona estos días la eficacia de las medidas basadas en el código penal para afrontar la falta de seguridad vial. Incluso hay quienes consideran excesivamente rigurosas las penas de prisión para los delitos relacionados con ella, y quien defiende que la posibilidad de acabar con la vida de otras personas jurídicamente no debería ser un argumento suficiente para ingresar en la cárcel, sin haber cometido un delito grave. Lo cierto es que parecen necesarias soluciones más complejas a la cuestión.
Y algunos creemos que la educación debería formar parte primordial de ellas.


Es sabido que en materia de actitudes la acción coordinada entre familia, escuela, barrio, la acción comunitaria en general, es mucho más eficaz. Para educar a un niño hace falta la tribu entera, nos recuerda José Antonio Marina. Por lo que determinados problemas han de abordarse desde una perspectiva intersectorial si queremos que los jóvenes interioricen algunos de los mensajes que les hacemos llegar.
Siguiendo este planteamiento en el barrio de El Palo hemos desarrollado durante seis años un proyecto de prevención del que ya hemos hablado en este blog, que complementaba la labor desarrollada por tutor@s de hasta ocho centros educativos a lo largo del curso gracias al programa “No cuesta tanto hacerlo bien“, de la Delegación Provincial de Málaga de Educación.
Este documento , a cargo de Juan Borrajo, explica el marco teórico dentro del que hemos desarrollado nuestra labor en la Mesa Intersectorial de El Palo por la Seguridad Vial.
Desarrollar las actividades en tantos centros distintos cada año, ha sido posible gracias a la colaboración del Distrito Este del Ayuntamiento, de la Policía Local, del Centro de Salud, de la AA.VV. de El Palo, de las autoescuelas del barrio y de APAE, de la Fundación MAPFRE, del Club Unicaja de Baloncesto, de AESLEME, del S.A.M., y por supuesto de la Junta de Andalucía.
Nuestras propuestas siempre han tenido un denominador común: actividades actractivas y muy participativas para el alumnado, de manera que no se limitaran a ser meros espectadores. Y así varios miles de alumnos han aprendido a personalizar sus cascos, han participado en circuitos urbanos, han colaborado como mediadores por la Seguridad Vial por las calles de El Palo, han jugado al fútbol contra agentes de policía, han visto películas y participado en coloquios sobre la cuestión, etc.
Cuando empezamos en 2001 la seguridad vial no tenía la repercusión que tiene actualmente en los medios, por lo que cabría pensar que ahora la administración es más sensible a iniciativas de este tipo, y sería más fácil seguir trabajando por los objetivos que impulsaron este proyecto.
Pero la realidad es que la Consejería de Educación ha sustituído el programa “No cuesta tanto hacerlo bien”, que tan buena acogida tenía en Málaga después de más de un lustro, por el programa MIRA que ha desinflado completamente el impacto que se había conseguido en los centros, y entre los jóvenes.
Escuchar además a responsables de la Consejería de Educación explicando que dentro de la asignatura Educación para la Ciudadanía se han previsto contenidos relacionados con la educación vial para justificar la preocupación por la cuestión, da idea de la endeblez de la apuesta de los responsables educativos andaluces por ella. En una hora semanal que tiene esta materia el tiempo real que se le podría dedicar es todas luces insuficiente, dada la gran cantidad de contenidos que incluye. Quizás piensen que se trata de un problema de Tráfico y no de Educación.
De hecho, parece que se van a crear Comisiones Provinciales, sobre el vértice de las Jefaturas Provinciales de Tráfico, que pretenden una mayor implicación institucional que la proporcionan hasta ahora las mesas intersectoriales, y que vienen a resolver la fragilidad de dichas mesas, dependientes del voluntarismo de una serie de profesionales. Este talón de Aquiles se podría haber resuelto sin necesidad de llegar al esfuerzo que ha hecho la administración con programas como el Bilingüismo o las TIC, que obviamente tienen mucho más calado; uno mucho más pequeño hubiera bastado para consolidar las mesas intersectoriales, que tienen un gran potencional por su proximidad a la realidad de los jóvenes. Confiemos en que sean capaces de conservarla si se pretende inculcar conductas responsables. Por todo ello la partipación de docentes en la aplicación y en el diseño de las estrategias a seguir parece clave. Porque en materia de concienciación de jóvenes tenemos alguna experiencia más que otros profesionales.
Así que, a la espera de que la administración plantee alternativas complementarias a la sanción y la condena, de carácter preventivo, confiamos en que el abordaje del problema esté a la altura de su complejidad.

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