Si tuviera que elegir una sola razón profesional por la que merece la pena participar en encuentros como el de ayer de Motril seguramente sería la que leí hace un rato en el artículo de Korthagen que contiene el número de noviembre de Cuadernos de Pedagogía:

los profesores necesitan construir sus complejos roles profesionales y maneras de pensar acerca de la práctica docente en contextos seguros de aprendizaje en comunidad.

Cuando ayer José Luis Castillo nos obligó a contarle a su grabadora lo que quisiéramos antes de irnos, la primera idea que me vino a la cabeza fue la de la convivencia con la incertidumbre; la duda permanente con la que afrontamos la búsqueda de respuestas a los retos que nos plantea la docencia, que resulta mucho más llevadera cuando tenemos la oportunidad de compartirla. Y la necesidad de la reflexión sobre las iniciativas que nos planteamos y cuya aplicación en el aula despierta vacilaciones propias de principiante.  Quizás porque cada nuevo curso es una vuelta al principio, una revisión de las escasas certezas que nos quedan; y no sólo como docentes.
Si como nos recuerda a menudo Marina, hace falta una tribu para educar a un niño, para formar un docente ¿qué se necesita? ¿No hará falta a su vez el calor intelectual y emocional de una comunidad? La actividad en Twitter o Google Plus, el EABE, el foro alternativo, MOOCtril o almensilla11 presenta indicios claros. Seguramente al abrigo de estos grupos es menos difícil renunciar al confort que proporcionan rutinas consolidadas durante años, que no sabemos hasta cuándo nos pueden valer. Porque ignoramos a qué distancia exacta de nuestra costa está el tsunami de cambios que se avecinan sobre la Educación y el rol del docente, pero no muy lejos. Y quizás para afrontarlo tengamos que buscar refugio fuera de la oferta que nos briden nuestras instituciones educativas; ojalá no, ojalá podamos elegir.
Pero en caso contrario nos convendría ser más; muchos más. Y la continuidad de iniciativas como las anteriores estaría justificada precisamente por los más que probables recortes en formación, no como un sustituto si no como uno de los pocos recursos disponibles.
Desde luego no creo que tenga sentido tratar de convencer a nadie de algo de lo que previamente no esté convencido; pero quizás sí podríamos hacer un mayor esfuerzo para atraer a quienes asienten a menudo ante reflexiones críticas con la práctica transmisiva, a quienes comparten que el libro de texto no se puede ser el único recurso o casi para trabajar en el aula, a quienes aceptan que hay que esforzarse por atender la diversidad … pero se sienten lejos de estas comunidades.
Creo que los Departamentos de F.E.I. pueden servir para muchas cosas; quizá también para abrir una ventana en los IES a la que asomarnos con algunos colegas. El paisaje en la niebla puede no ser tan triste junto a ellos.

Por cierto, ¿sabemos quién ha ganado las elecciones?

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2 Opiniones en “Al abrigo de MOOCtril”
  1. José Luis Castillo dijo:

    No había visto la formación docente desde la perspectiva de la tribu… ¡Muy buena mirada! Eso es un MOOC, sin duda! Al final la idea es tal y como tú la formulaste: construir la sociedad civil desde los cimientos. Cada uno en su entorno.

    De verdad que tuve suerte yo en el primer EABE de coincidir contigo en la mesa… :) )))))))))) Si es que soy un tío afortunado! :) ))

  2. José Mª dijo:

    Suerte mutua sin duda, José Luis.
    La sociedad civil, o los 15M distribuidos, es algo a lo que estamos abocados los docentes que concebimos la escuela como una organización acampada en la realidad, en medio de las plazas, hecha de personas que comparten ilusiones, y enfrente de quienes no respetan a los ciudadanos. Y entre todos la mantendremos viva cada día, cada mañana, cada hora.

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